OBJETIVOS

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OBJETIVOS

OBJETIVO GENERAL

Describir las características de la modalidad de educación virtual que favorecen los procesos de aprendizaje autónomo en los estudiantes universitarios de diferentes programas académicos de nivel formativo de pregrado en la Institución Universitaria Politécnico Grancolombiano.

OBJETIVOS ESPECÍFICOS

  1. Determinar las condiciones y las herramientas que contribuyen a aumentar los niveles de autonomía en los estudiantes de educación superior bajo modalidad virtual.
  2. Analizar las características de los estudiantes con mayores niveles de autonomía en sus procesos de aprendizaje.
  3. Redactar una cartilla descriptiva (a manera de conclusiones) sobre la forma como la modalidad de educación virtual favorece el aprendizaje autónomo en estudiantes universitarios de pregrado.

 

MARCO TEÓRICO

MUCHOS ASPECTOS DE LA HUMANIDAD que tienen que ver con su propia evolución van cambiando, van mejorando, se van transformando… ¿para qué? Se esperaría que todo cambio que implique evolución y no involución conlleve el mejoramiento de la calidad de vida de las personas. Tales aspectos en los que evoluciona la humanidad también tienen que ver con el mejoramiento de todas las condiciones que el medio le provee. Por otra parte, se observa cómo, a medida que el tiempo pasa, uno de los aspectos más importantes en la formación de toda persona es su educación. La educación entonces queda también inscrita en ese proceso de cambio, el cual va de la mano con el desarrollo tecnológico que la ciencia nos brinda. Es por eso que en la presente investigación se abordará lo que se percibe en relación con la evolución que ha tenido la educación para llegar en la actualidad a la modalidad de la educación a distancia, mencionando los factores que influyen para que se tenga éxito en esta modalidad.

Para hacer un rápido recorrido por las herramientas que hemos utilizado para educar a nuestros semejantes comenzamos por la tradición oral, en la cual trasmitíamos nuestro legado cultural por medio de los relatos de los sabios de cada una de las culturas. Más adelante, se desarrolla un lenguaje pictórico, con el cual se podía plasmar formas de ser, tradiciones, conocimientos, enseñanzas, etcétera. Posteriormente, a partir del lenguaje escrito el hombre pudo enseñar y educar a los integrantes de su propio grupo cultural de formas muy diversas. Así pues, llegamos al invento de la imprenta, con el cual ya no era necesario escribir y escribir, encerrado largas horas, para poder plasmar las ideas en un material que se pudiera leer para transmitir ese conocimiento a otros. Seguimos entonces con las primeras ediciones de textos en varias lenguas, con lo cual se contribuía a la ampliación del conocimiento y a la transmisión de este a largas distancias. Con la pedagogía, que se basaba en todo este gran avance que habíamos tenido a lo largo del tiempo, las escuelas empiezan a transmitir los conocimientos con base en el objetivo o la idea de que las personas debían ser educadas y alfabetizadas.

En la educación, específicamente, pasamos por herramientas como la tablilla, el pizarrón, la tiza, los cuadernos, el tablero en acrílico con sus respectivos marcadores borrables de colores vivos. Poco a poco estos elementos se han ido desdibujando gracias a los desarrollos tecnológicos y a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Con el invento de los computadores (inventados hace varios años) se logra desmontar los espacios y los objetos físicos para implementar espacios y objetos virtuales. Ya no necesitamos escribir sobre papel para poder leer, ya no necesitamos trasladarnos a salones y espacios físicos para poder educarnos, formarnos o recibir información. La metodología de enseñanza-aprendizaje se basaba únicamente en una educación de modalidad presencial, es decir, era necesario asistir a un salón o a algún sitio para esperar la presencia de algún experto en algún tema para tener simplemente la oportunidad de escucharlo y aprender de esa forma, como si fuéramos simples receptores de conocimiento. ¡Los tiempos cambian!, y con ello la forma de educar. Ya no es necesario asistir a salones físicos, sino que desde el lugar donde nos encontremos podemos acceder a estudios de formación académica por medio de la educación a distancia, lo cual ayuda a que nuestra posición geográfica ya no sea un impedimento para acceder a diferentes niveles de formación académica.

Cada época configura su idea de educación de acuerdo con sus creencias respectivas y el proceso de las sociedades. Cuando estas entran en crisis, con la idea de mejorar, los modelos también deben cambiar. Es esto lo que justifica los cambios o la revisión de lo existente. Esta es la manera como la ciencia y el conocimiento evolucionan, aunque con ello se presenten problemas de duda, incertidumbre, problematización, rechazo, fobia y hasta delirio de persecución respecto a las nuevas propuestas. Las críticas a modelos vigentes no siempre son bienvenidas (González y Heras, 2006).

Independientemente de las épocas, sucesos y personajes que puedan servir de referencia para situar los inicios de la educación a distancia, es indiscutible que asistimos a un momento de crecimiento y desarrollo de esta modalidad de educación. Este tipo de educación es bienvenida, ya que contribuye a ampliar las oportunidades educativas. Por lo demás, es cierto que la educación a distancia encuentra en los recursos tecnológicos de comunicación uno de sus más importantes recursos. A pesar de ello, como cualquier proyecto pedagógico, aún más si es innovador, la modalidad de pedagogía a distancia implica cambios en diferentes órdenes, que son complementarios unos de otros.

En los últimos años y especialmente a partir de la segunda mitad del siglo XX se han presentado variaciones sustanciales en las concepciones, enfoques y metodologías sobre educación y aprendizaje. Tradicionalmente el centro del proceso educativo ha sido el maestro, y por lo tanto los alumnos se han agrupado a su alrededor en las llamadas “clases”. En efecto, ha sido él quien decide los objetivos de aprendizaje, los contenidos, las estrategias, los momentos en el tiempo, los indicadores de logro, etcétera, mientras el estudiante ha sido altamente dependiente del profesor.

En este sentido, el potencial que encierra la modalidad a distancia para llegar al cambio educativo, a la calidad en los servicios ya la equidad en educación solamente puede ser aprovechado a partir de una planeación estratégica que, atendiendo a los múltiples factores involucrados en el desarrollo de la modalidad, pueda establecer directrices claras y viables para encauzar las acciones, de acuerdo con los fines de la filosofía y de la política educativas que las instituciones mismas plantean (Enríquez, 2001).

La educación a distancia disminuye las distancias, ya que podemos recibir formación académica a kilómetros de donde se encuentra la sede principal de algún centro educativo. A pesar de que los tiempos cambian y el sistema cambia, está claro que el objetivo sigue siendo el mismo: educar y formar a otra persona. Es por ello que un componente muy importante dentro del proceso de educación —ya sea presencial o a distancia— es el estudiante. Así mismo lo refiere Rosalba Rodríguez (2009) en su documento “Metodología del trabajo académico”, al decir que: “Históricamente el centro de la educación a distancia lo ocupa el estudiante, sujeto activo y responsable, capaz de encargarse autónomamente de su propio aprendizaje, empleando para ello diversas estrategias, desarrolladas con el apoyo de diferentes mediaciones y medios pedagógicos” (p. 28).

De esta manera podemos observar y analizar lo que Badia y Mominó (2001) plantean en relación a la educación a distancia, al referir que esta, con la ayuda de los avances tecnológicos, ha tenido en los últimos años un encuentro muy similar al que presenta un artista en su máximo nivel de estrellato y que al parecer va en aumento. De todas maneras es necesario aclarar si en pedagogía tal avance se debe a un simple fenómeno de moda o se da por las verdaderas necesidades que cubre la modalidad a distancia en el mundo de la educación. Si se tratara del resultado de un simple avance de la moda, podríamos pensar en la educación a distancia como un fenómeno pasajero. Pero debemos tener claro que aún nos falta mucha perspectiva y experiencia práctica en este campo para valorar su trayecto como un paso fugaz o, más bien, como un fundamento sólido de una gran época en el avance del campo de la educación.

Podemos encontrar la educación a distancia como un campo apropiado para analizar y comprender los desafíos que impone la cultura actual con relación a sus entidades educativas frente a la sociedad de la información y el conocimiento, así como frente a las tecnologías y los nuevos escenarios que se mueven y se reclaman en las sociedades actuales. Por consiguiente, se ha venido presentando un debate en torno al cual encontramos, por un lado, la teoría que ha prevalecido en educación a distancia a lo largo del tiempo y, por el otro lado, la aparición del ciberespacio y lo virtual. Tal situación han llevado e inducido al estudio permanente de estos fenómenos, con el objetivo fundamental de analizar la conveniencia de la teoría que subyace a la educación a distancia, junto con la teoría que se gesta para ser aplicada en entornos virtuales de aprendizaje (Garduño, 2005).

Observamos como con esto nos introducimos en un factor de mucha influencia en la educación a distancia: las TIC (tecnologías de la información y la comunicación), ya que con su advenimiento las nuevas tecnologías la educación se van configurando como una alternativa para muchos países del mundo. Estas tecnologías brindan apoyo a la modalidad de educación a distancia, así como facilitan uno de sus aspectos esenciales: el hecho de que no hay interacción presencial directa entre docente y alumno. Sin embargo, la educación a distancia no quiere decir que ya no exista comunicación entre docentes (tutores) y alumnos, sino que, más bien, esta comunicación no presencial se realiza a través de los medios de comunicación. Estas condiciones ofrecen una manera de aprendizaje diferente, en la cual el estudiante debe desarrollar con mayor énfasis la autonomía, la autorregulación, la disciplina y los buenos hábitos de estudios, ya que es él mismo quien se encarga de sacar el mayor provecho a su proceso de formación académica (Ferroni, Velásquez y Chavarro, 2005).

Por otra parte, en esta modalidad de educación la distancia se convierte en un concepto relativo, sin embargo, tal concepto sigue teniendo alguna consideración. En efecto, como ya lo mencioné, la distancia es relativa, ya que la perspectiva de esta dimensión depende de desde dónde se mire, por ejemplo: la distancia entre personas supone la existencia de algún problema entre ellas, aunque este pueda ser considerado como pequeño o involuntario; la distancia entre países puede significar largas e interminables negociaciones; la distancia entre ideas significa esfuerzo para encontrar el consenso de la comprensión. No obstante, la distancia significa también respeto, consideración, poder, atención e incluso admiración: del maestro al discípulo, del jefe al subordinado o, simplemente, del hermano mayor al más pequeño. Sin embargo, la educación a distancia no ha tenido la valoración y respeto que se le merece, ya que actualmente padece de cierto descrédito, aunque también es altamente valorada por otros colectivos y por el contexto social en el que vivimos (Badia y Monimó 2001).

Volvemos entonces a nuestra tesis según la cual la educación a distancia disminuye las distancias. Esto lo podemos ver con Ferroni, Velázquez y Chavarro (2005), cuando proponen varios rasgos principales que quedan inmersos en lo que implica la educación a distancia:

  • Va dirigida a una población estudiantil relativamente dispersa y en su mayoría adulta.
  • Orientación autoinstruccional.
  • Cursos producidos con una predominancia de textos impresos, pero transmitidos por otros medios.
  • Comunicaciones masivas.
  • Comunicación organizada en dos direcciones.
  • Estructuras curriculares flexibles, organizadas en módulos y créditos.

Estas son algunas implicaciones de la modalidad de educación a distancia. Asimismo, la educación a distancia pretende constituirse en una opción capaz de multiplicar y diversificar la educación para los individuos y grupos sociales, sin tener que distinguir edad, raza, ubicación geográfica; pretende ser una opción basada en la democratización y la equidad.

Continuemos afirmando que, aunque la educación a distancia presenta ciertas características que la distinguen y la hacen diferente en algunos aspectos de otros tipos de enseñanza y aprendizaje, se entiende que tales rasgos no resultan suficientemente diferenciables como para que emerja un nuevo paradigma en educación (Badia y Mominó, 2001). La anterior consideración tiene implicaciones profundas en las formas de conceptualizar lo esencial de la educación a distancia. Probablemente, una de las implicaciones más importantes es que, si se acepta que la educación a distancia es un contexto más donde se pueden desarrollar los procesos de enseñanza y aprendizaje, de manera muy general, esta se debe interpretar teniendo en cuenta los mismos criterios psicopedagógicos aplicables a la modalidad de educación presencial.

De igual forma, deben presentarse algunas reflexiones sobre el papel que desempeñan las universidades en las sociedades, como entidades promotoras de la educación, independientemente de las modalidades que utilicen. Sin embargo, en la presente investigación se hace énfasis en la educación a distancia y su influencia como favorecedora del desarrollo del aprendizaje autónomo. A partir de este enunciado se entiende que la universidad debe cumplir un papel protagónico en la sociedad, y así lo ha demostrado a lo largo de su historia. En su labor de actualización por nuevas y mejores modalidades de educación, las universidades buscan un modelo pedagógico nuevo y alterno, que dé el paso de la cultura de enseñar a la cultura de aprender (González y Heras, 2006).

Analizaremos a continuación un aspecto fundamental dentro de los proceso de educación a distancia: el desarrollo del aprendizaje autónomo. ¿Será que en realidad somos independientes cuando estudiamos con la única compañía de nuestros apuntes, o de un libro de texto, o con el programa de nuestra clase a distancia? Si se toma el término independencia por la definición que nos ofrece el diccionario, encontramos que es “la no admisión de control o dependencia externa”. De esta forma, parece evidente que no se podría hablar de estudio independiente, dado que continuamente nos acompañan factores externos como las instrucciones de nuestros tutores sobre lo que se debe realizar en las asignaturas y los textos digitalizados; también nos refieren el nivel de exigencia sobre lo que se debe realizar e incluso algunas sugerencias sobre cómo se deberían realizar las actividades (ensayos, mapas conceptuales, artículos, etcétera) (Badia et ál., 2001).

La influencia de los demás y muy especialmente la de los tutores, sobre la manera en que se aprende, ya sea de forma directa o indirecta, implícita o explícita, existe desde el momento en el que se admite que las propias ideas y conocimientos se gestionan a través de un lenguaje y unos procedimientos prestados de personas del entorno, de los cuales nos vamos apropiando de manera gradual y por lo tanto han pasado al control de nuestra mente.

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