ACOMPAÑAMIENTO AL ENFERMO

ACOMPAÑAMIENTO AL ENFERMO

Acompañamiento al enfermo y familiares durante su estancia en el centro


Una vez que el enfermo ha ingresado en el hospital, se deberán mantener unas condiciones de estancia agradables y un trato cercano, amable y humano, lo que favorecerá que se establezca una relación de confianza con el personal y un sentimiento de seguridad del paciente con respecto a su situación, al lugar en que se encuentra y a las personas que le atienden. Para ello, se recomienda la puesta en práctica de las siguientes estrategias:

Crear un entorno adecuado


Generar el ambiente más adecuado para el paciente y sus familiares, intentando que se sientan cómodos y facilitando la interacción entre ellos. Así, se recomienda mantener la habitación iluminada, sin ruidos, a una temperatura adecuada, con el mobiliario suficiente,… y haciendo que ésta proporcione cierta intimidad.

Manual de Auxiliar de Geriatría

Disposición a la comunicación


Estar dispuestos a comunicarse con los pacientes y familiares reduce la ansiedad e incrementa el bienestar de ellos. Perciben que no se encuentran solos, se sienten arropados y comprendidos en una situación difícil, donde todo apoyo es poco. Además, genera relaciones satisfactorias entre los pacientes y familiares de la misma habitación y con el personal sanitario.


Para lograr este fin, es conveniente seguir algunas recomendaciones:

• Mostrarse cercanos y cálidos, escuchando activamente y manteniendo la prioridad en el paciente.

• Si hablarles es importante, aún más es saberlos escuchar.

• No tutearles en un principio, pues son mayores y merecen respeto; hay que llamarles de usted o por su nombre.

• No descuidar a los familiares, pues el bienestar de los pacientes depende en gran parte de ellos.

• No levantar excesivamente la voz; hablándoles en un tono algo más bajo y de frente (para que puedan leer los labios en caso de que presentasen problemas de audición) se consigue mayor comprensión.

• Utilizar frases y palabras sencillas es una muestra de interés y empatía.

• Mirarles siempre a los ojos y dirigiendo el cuerpo hacia ellos; esto indica respeto y preocupación por los demás.

• Actitudes ante los pacientes y familiares.


Hay una serie de actitudes que se deben tener en cuenta para facilitar la estancia del paciente y su familia en un centro hospitalario. Entre ellas destacan:

El respeto a la intimidad y privacidad de los pacientes y sus familiares, así como a las situaciones de pudor que pudiese tener el anciano.

Mostrarse positivos y alegres ante ellos, pues esta actitud genera lo mismo en quien interacciona con nosotros.

Ser pacientes, ya que los mayores requieren más tiempo para realizar sus actividades o comunicarse con los demás.

Manifestarse prudentes y realistas a la hora de comunicar cualquier tipo de información, sin mostrarse excesivamente optimistas. Nunca mostrar pesimismo.

Tener un trato personalizado con cada paciente, sin discriminar entre ellos e intentando que cada uno se sienta especial.

Incrementar la autoestima y fomentar la independencia y la participación social del paciente.

Estas variables inciden directamente sobre el bienestar tanto del paciente como de sus familiares. Por una parte, hacen del mayor una persona más autosuficiente, aumentando su libertad y su capacidad de ocio. Por otra, en los familiares genera mayor tranquilidad y descanso, pudiendo ellos recuperar también su propia independencia. Para ello, se puede actuar de la siguiente forma:

Incrementar la autoestima

Hacer que el paciente se sienta útil; por ejemplo, pidiéndole que ayude a realizar cualquier tarea dentro de sus posibilidades. Hacer que tome algún tipo de decisión que le afecte directamente; por ejemplo, preguntarle si quiere que se le abra más la ventana. Hacer que asuma responsabilidades; por ejemplo, que recoja su ropa del aseo.  Hacerles sentir respetados; por ejemplo, pidiéndoles permiso para llevar a cabo alguna actuación.

Fomentar la independencia dentro de sus posibilidades

Promover que los pacientes realicen por sí mismos lo que esté en sus manos, sin asistirles más de lo que necesiten; por ejemplo, no ayudarles a vestirse para “terminar antes”, si en realidad pueden hacerlo por sí mismos. Favorecer que ellos mismos realicen sus tareas; por ejemplo, diciéndoles “ve recogiendo tus zapatillas que yo vuelvo enseguida”. Premiar los intentos de independencia que realicen; por ejemplo, una sonrisa cálida si intenta ponerse por sí mismo una camiseta aunque no lo logre.

Fomentar la participación social

Promoviendo su intervención en situaciones sociales y conversaciones. Por ejemplo, preguntarle su opinión o pedirle su consejo en aspectos en los que el paciente pueda tener conocimientos. Pedirles, por ejemplo, a los pacientes de una misma habitación si entre ellos son capaces de resolver una sopa de letras que tú “no has podido”, etc. Con todo esto, se mantienen entretenidos, sin estar pendientes de sus enfermedades y, además, interaccionan con los demás, incrementando su autoestima y sintiéndose más realizados.

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Luis Bonilla

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