
Otro de los elementos que hacen parte de la representación de la enfermería se encuentra en la mística. Este hace referencia a la connotación estética con el que debe ejercerse la profesión, para el cumplimiento cabal de sus objetivos. La mística hace referencia a la finura, el detalle, la delicadeza y belleza de los actos del cuidado. Generalmente están relacionados a los procedimientos, pero también en la comunicación y en términos generales en todo el performance enfermero. Asimismo, debe estar en sintonía con las dimensiones emocionales y espirituales ya mencionadas, articulándose claramente con el conjunto de elementos que conforman el cuidado. La estética enfermera se expresa en detalles y es la que establece la importancia del tono de voz, uso de las palabras, el contacto físico con el otro como señal de afecto o familiaridad y que, buscan constituir la práctica del cuidado en algo más que oficio, un arte y con ello, un elemento distintivo de su identidad.
La mística y su estética no se limita a la apariencia física, pero si tiene que ver con ella. Tampoco a la forma en que se realizan los procedimientos, pero si se puede tener en cuenta. En el desarrollo histórico la mística ha cambiado, incluso las generaciones más jóvenes desconocen el término, pero entienden por ello la dimensión estética del cuidado y la práctica enfermera. Sin embargo, en el marco de las condiciones que ofrece el entorno laboral, la mística se negocia con la necesidad de dar solución a los problemas del contexto de trabajo y termina incorporando en su estética la intuición, versatilidad y capacidad de dar solución a las situaciones que se le presentan.
Otro grupo de representaciones de la enfermería guarda relación con lo descrito en torno a las prácticas. De igual forma, constituye una nueva fase del proceso de articulación, debido a que se produce en el entorno laboral, durante el proceso de transición del ejercicio de la profesión que va del simulacro que ofrece el ámbito educativo, a la praxis del contexto laboral. Esta fase evidencia una nueva realidad al profesional de enfermería, lo hace dudar de los conocimientos desarrollados en la universidad y se descubre a sí mismo y a sus capacidades a partir de las actividades que emprende. En ese sentido, la articulación entre discurso enfermero y subjetividad es la misma, pero la experiencia difiere, llevando al profesional a una fase diferente de articulación identitaria en la que establece definitivamente su rol en la sociedad.
Si en la primera fase la articulación se fundamentó en el humanismo y deseo de ayuda al otro, para este caso, la coyuntura del panorama laboral samario se expresa desde la adaptación a las condiciones que ofrece el entorno: la flexibilidad y versatilidad que exige la labor profesional. No quiere decir que lo que «descubrió” el estudiante desaparezca como profesional, por el contrario, su cumplimiento exige cambios y adaptaciones para lograrlo. Estas situaciones se ejemplifican con la disposición a cambiar servicios, pero, sobre todo, con la capacidad de adaptar la enfermería ideal, o lo que aprendieron de los libros, a las condiciones que ofrece la situación del área clínica en la ciudad y el país.
Un ejemplo de lo anterior se puede ilustrar en un caso que por motivos de extensión se presenta resumido y no desde el testimonio directo del entrevistado. Frente a la directriz de la teoría enfermera, el cuidado puede brindarse basado en la cultura, lo que incluye creencias religiosas, sin embargo, el número de pacientes por enfermera es superior al promedio internacional y por ende el tiempo que tiene la enfermera(o) para la implementación del modelo es poco (en este caso del sol naciente). Sin embargo, la enfermera que cuenta la historia se las arregla para identificar aspectos de la cultura (en este caso religión), comprender por qué el paciente se niega a la trasfusión de sangre y generar estrategias para negociar el tratamiento, concibiendo una aproximación a los postulados de la enfermería transcultural.
Estas adaptaciones o variaciones locales de la práctica de la enfermería, se extienden a otros enfoques y teorías del cuidado que tienen que ver con el cuidado humanizado, el rol materno o la espiritualidad. Este último, cuando se presenta, es considerado un signo del nivel más elevado de ejecución de la práctica enfermera, porque se presenta en total sintonía con los elementos del oficio, episteme, estética de enfermería. A su vez, cuando una enfermera(o) desarrolla la espiritualidad, se produce una articulación identitaria, generalmente generada a partir de una experiencia laboral que termina marcando al profesional y su desempeño.
Las representaciones de la enfermería desde sus símbolos
El último de los códigos compartidos presentados en este capítulo se refiere a las representaciones culturales de los símbolos de enfermería. Este panorama constituye otra oportunidad de aproximación a la comprensión de la profesión bajo la experiencia histórica desarrollada en la ciudad de Santa Marta. Además, sirve también para explorar los matices y variaciones de las prácticas de significación, para dar cuenta de la heterogeneidad, así como aspectos críticos de la experiencia formativa. En otras palabras, estos códigos compartidos, no siempre interpelan de igual forma a todas las experiencias subjetivas, generando variantes importantes que alimentan el desarrollo de posiciones críticas de un sector de la profesión. Se refiere, por tanto, a una de las funciones de la representación: la problematización.
La representación exterior e interior de la enfermería tiene en común que ambas se fundamentan en los mismos símbolos^. Sin embargo, el significado generalmente varía, no solo en contenido, sino en connotación y contexto. Si alguien que desconoce la profesión se quisiera hacer pasar por enfermera, no dudaría un segundo en buscar el uniforme blanco y la toca (como sucede en las películas), porque son la principal referencia para la identificación de la profesión. Sin embargo, las formas de representación que se realizan desde afuera, a través del cine, los medios de comunicación y la población en general, desconocen el significado que tiene para la enfermería y por el contrario, han generado estigmas y estereotipos asociados a la enfermera como objeto sexual, generalmente joven, sensual, mandona y en ocasiones, como figura decorativa (Calvo-Calvo, 2014; Ramos et al., 2012; Martínez, 2004).
La revisión de las representaciones sociales de la prensa de la ciudad de Santa Marta evidenció elementos parciales de la imagen exterior de la profesión en la ciudad (Herrera y Ruíz, 2017). Durante el período revisado (1994-2013), la enfermería se visibiliza poco, sin embargo, la mayor presencia de la profesión en los diarios se dio en el contexto de la protesta laboral, más exactamente la desarrollada en el marco de la implementación de la Ley 100 de 1993 y el cierre de los hospitales, el cual tuvo mayor intensidad entre 1994 y 1997 y una nueva ola en los primeros años del siglo XXI. Los principales actores fueron los trabajadores de la salud, a través de su Sindicato de la Salud, Sindes.
La prensa, sin embargo, presenta la siguiente situación. Al referirse a temas de la salud, los invitados son médicos y especialistas de los diferentes campos, pocas notas o reportajes se refieren a la enfermería (cinco en 19 años). En el caso de las protestas sucede algo similar, pero las enfermeras nunca aparecen entre las entrevistadas, pero sí en las fotografías que aluden al paro de la salud, en la mayoría de los casos, vestidas de blanco y usando las tocas. A esto hay que sumarle que los diarios suelen encabezar los titulares de las protestas con términos peyorativos, lo cual, influye en el significado profundo de las imágenes.
En la ciudad de Santa Marta, no se profundizó en las representaciones que se producen desde afuera de la profesión. Sin embargo, se alcanza a identificar el desconocimiento de la profesión, reflejado en la poca diferenciación entre auxiliar y enfermera y el prejuicio de otras profesiones, observado en personas que se sorprenden por la existencia de congresos de enfermería o doctorados para esta profesión. No obstante, la enfermera ha sido uno de los personajes presentes en el repertorio de las profesiones de la ciudad, pero con poco estatus, prejuicios y dinámicas de representación que generalmente se omiten.
Por el contrario, para la profesión y sobre todo para el contexto educativo, los símbolos ocupan un lugar importante. Pueden variar en denominación y significado, pero generalmente incluyen elementos coherentes con lo que se ha descrito en términos del performance y la estética enfermera. Aunque son eminentemente femeninos, ha empezado a reconocerse los que corresponden a la versión masculina. En orden de importancia, los símbolos son los siguientes: uniforme blanco, el cual tiene gran valor estético y utilitario; representa la higiene, pero también la pureza de quien lo porta. La toca o cofia se refiere al cuidado, el liderazgo y la dignidad de la enfermera, es blanca y viene acompañada de una cinta con el color que cada Universidad ha elegido para que la represente, en el caso de la UCC es verde. La lámpara se asocia con la claridad y el conocimiento que siempre acompaña a la enfermera.
Bien como atributo social, es decir, si tú le preguntas qué es la toca, qué es la lamparita, el uniforme blanco enfermería, la media, es un símbolo de representación de la enfermería en concurrencia con lo que fue Florence, con lo que fue nuestras raíces, fue una forma para que la sociedad la identifique, tiene realmente su significado, significa pulcritud, esa limpieza de alma y de cuerpo que tienes para ser enfermera, me parece elegante y vistoso y bonito. (Entrevista Vásquez, 2017)
Estos símbolos fueron aspectos importantes en el proceso formativo, principalmente para las primeras cohortes, no solo en términos de la enseñanza de los que significa, sino frente a su uso, como un referente material y simbólico importante, en el marco del desarrollo del performance, el discurso y la estética enfermera. Una de las entrevistadas, recordó a una de sus profesoras de la siguiente manera:
En ese primer día de rotación nos hizo la inducción y nos hizo saber sus reglas de trabajo, pues las mismas reglas rigurosas de semestres anteriores, pero con ella pasaba algo y era que se fijaba mucho en la parte física y de presentación personal, al punto de exigirnos que camináramos en frente de ella y nos corregía la forma de caminar, nos exigía maquillarnos y estar siempre con el uniforme muy bien llevado; se caracterizaba por hablar mucho de sí misma , incluso hacía alusión a su porte y belleza. (Entrevista Andrade, 2016)
Los símbolos de la enfermería son un buen ejemplo de cómo trabaja la representación. Para las primeras cohortes, donde los recursos educativos eran escasos y una de las estrategias educativas fue el performance enfermero y el docente la figura protagonista del proceso educativo, los símbolos se constituían en la referencia material de los valores de la enfermería y, por lo tanto, de los parámetros que definían su comportamiento y acción. De igual forma, el rigor y rigidez ya mencionado de las docentes, enfatizaba en el «buen uso” de estos símbolos, en concordancia con los demás componentes estéticos femeninos y del cuidado, con el fin de encaminar a las estudiantes por la disciplina de la enfermería y con ello, cumplir con el proceso formativo.
De esta manera, la representación trabajó erigiendo símbolos ya concebidos en el discurso enfermero, tomándolos como referencia para que las estudiantes encaminaran su comportamiento hacia los parámetros de la profesión, en términos del compromiso, conocimiento, dignidad, higiene y pureza. En ese sentido, los mecanismos de control de la pedagogía del momento, orientados al continuo énfasis y exigencia en la limpieza de medias y uniformes, así como la horma y altura adecuada, se presentó como otro elemento más para encaminar el comportamiento hacia la directriz del «deber ser” enfermero, como elemento base de la formación universitaria. De igual forma, esta preocupación por los detalles que algunas describen muy cercanas a la obsesión patológica (sin serlo), eran parte de la necesidad de posicionar la profesión en la ciudad, e influenciadas por el peso de los estereotipos que persiguen a la enfermería.
En el desarrollo histórico las situaciones fueron cambiando. Los símbolos seguían siendo los mismos, pero su capacidad interpeladora entre las estudiantes fue cada vez menor. En esto influyó el cambio generacional y, por tanto, la diferencia entre los criterios estéticos de la generación de profesoras y de las estudiantes, sobre todo la actitud de las últimas, lo que se tradujo en una constante disputa por el cumplimiento de las normas asociadas con el uso adecuado del uniforme. Asimismo, al separarse del performance enfermero, la exigencia de los detalles físicos se limitó a eso, sin cumplir la función que tuvo en los primeros años cuando el profesor era la figura central del proceso cobijada por la imagen de respeto-miedo.
Los seres humanos son seres complejos que reaccionan de diferentes maneras ante las situaciones presentadas, sobre todo si tienen el carácter coercitivo como las mencionadas arriba. Precisamente ese control, así como elementos del discurso enfermero, tales como la vocación y el servicio, algunos de ellos marcados por principios religiosos, generó con el tiempo un cambio en la visión de la profesión, que alimentaría el desarrollo de dos tendencias que, siendo levemente opuestas, concebían el cuidado desde una perspectiva secular y la enseñanza y ejercicio de la profesión, desde una visión cada vez más pragmática.
La relación de este grupo con los símbolos de la enfermería, no se presenta de la manera más óptima, inspiradas por el desacuerdo frente a lo que representan: sacrificio, sumisión y control. Por el contrario, promueven una actitud crítica, libertaria y una renovación en los procesos de enseñanza, en los que prime el conocimiento y no tanto la apariencia. Asimismo, una conciencia sobre la necesidad del posicionamiento profesional.
Las representaciones en torno a los símbolos de enfermería evidencian tensiones y variantes en el discurso enfermero, así como en su postura frente a los factores que rodean la profesión. Definen tendencias en la práctica de significación, de las cuales se resaltan dos de ellas, marcadas por el cambio generacional y sobre todo, por concepciones en el «deber ser” de la enfermería. La tendencia tradicionalista, considera que el cuidado debe ser brindado por encima de cualquier situación y que la enfermera, como reflejo de humildad y vocación de servicio debe estar dispuesta a realizar cualquier actividad que dé cuenta de sus cocimientos, pero también de su disposición al trabajo. La otra tendencia, asume una mirada «profesional”, dando prioridad al saber experto enfermero, sus habilidades y actitudes, pero prioriza en la gestión. Además, considera que las condiciones de laborales del país, afectan decisivamente la práctica profesional, a diferencia de las primeras que consideran que una enfermera debe ejercer su oficio a pesar de las condiciones.
Pese a las diferencias, en la actualidad, la representación sobre los símbolos que prevalece es la pragmática. Como parte de los cambios mencionados y las condiciones laborales del área asistencial, el significado compartido que circula en su mayoría, gira en torno a la dificultad y practicidad del uso de los símbolos, tal como lo expresan los siguientes testimonios:
Cada uno de los símbolos tiene una historia. De los tres, el uniforme blanco y la cofia es factible que esa sea una de las razones, pero tú sabes que uno se va volviendo más práctico, entonces la tecnología te va enseñando que ya las cosas son más prácticas y que si yo soy estudiante de enfermería sería más bonito que yo tuviera un uniforme que tuviera muñequitos para que a los niños le llame la atención, entonces si estoy en cirugía tu usas un uniforme diferente porque es un uniforme de color azul que te identifica en cirugía, entonces ya las cosas fueron cambiando de acuerdo a la tecnología. (Entrevista Acosta, 2016)
La importancia de portar el uniforme es como que elegancia, como pureza como que identifica a esa persona como que limpia, la enfermera no se debe caracterizar por su traje blanco si no que la enfermera se debe caracterizar por su ser, de sentir de la forma en que ella de pronto hace las cosas, porque no por no tener el uniforme va a dejar de ser enfermera, cierto. (Entrevista González)
La mirada a las representaciones culturales de la enfermería, entendida como prácticas de significación insertas en tramas de poder, ofrecen un panorama para la comprensión de la dinámica histórica de la enseñanza y la práctica de enfermería. Este entendimiento pasa por la identificación de códigos compartidos, los cuales, constituyen una forma de identificación de la dinámica histórica a través de la cual se ha construido una experiencia local de la enfermería. Esta práctica de significación se fundamentó en la construcción de una identidad enfermera como parte de la estrategia educativa, apoyada en un discurso que tuviera la capacidad de articular a los futuros profesionales del cuidado en la ciudad y el país.
La articulación se fundamentó en un «descubrimiento” cuyo origen se dio en la selección de la carrera, fortalecido con la práctica formativa y consolidado con experiencia laboral, en la cual, el egresado se enfrentó a la realidad social y desarrolló sus competencias. Asimismo, el amor por la carrera emergió como segunda articulación, esta vez encaminada desde la dimensión emocional, con el propósito de dar mayor trascendencia a la identidad proyectada. La disciplina fue otro componente, cuyo propósito consistía en encaminar el proceso del nivel cognitivo y emocional al actitudinal, a partir de medidas coercitivas que encaminaran al estudiante a asumir la identidad enfermera.
Una segunda práctica de significación se presentó en torno al desarrollo de la estética enfermera, a partir de orientar un énfasis en parámetros femeninos y dirigido a inculcar un sentido estético a los cuidados, sin embargo, la experiencia laboral, así como las condiciones del sector salud y la dinámica asumida desde la práctica, llevaron a que los valores que se posicionaran estuvieran asociados con la flexibilidad y versatilidad profesional, como señal de estatus profesional y del desarrollo de las competencias profesional para el entorno laboral de la ciudad.
Por último, las representaciones de los símbolos de la enfermería, ofrecieron una visión sobre la manera en que se problematiza la profesión desde los símbolos que la identifican. Da cuenta de una mirada exterior que estereotipa y esencializa, fundamentada en el desconocimiento y la práctica sexista. Por su parte, la mirada interna promueve sus símbolos, como estrategia de circulación de significados y estrategia de enseñanza, pero que se ha venido desdibujando producto de los cambios generacionales y el pragmatismo que ha comenzado a imperar en el entorno laboral, producto de las condiciones laborales que el sector salud ofrece en la ciudad. De igual forma, estas representaciones dan cuenta de tendencias en la concepción de la profesión, una que se aferra a la mirada tradicional y otra que ha emergido como parte del desarrollo profesional y el cambio generacional.
Este pragmatismo que se destaca en las representaciones de los símbolos, es un elemento recurrente en el mundo enfermero y profesional actual. Es producto de las condiciones laborales, pero también de la gestión que se centra en el cumplimiento de indicadores, esto conduce a la práctica y la labor profesional a simplificar el oficio y concentrarse en los elementos que serán evaluados, olvidando el enfoque global de las cosas que en enfermería se relacionan con la visión del cuidado como elemento integral que involucra conocimiento, actitud, habilidad, estética, ética y afecto.
Cuando se aborda la estética, flexibilidad y versatilidad en el contexto de los cuidados, especialmente en entornos de atención médica o en la prestación de servicios de salud, se hace referencia a la importancia de diseñar y proporcionar cuidados que sean estéticamente agradables, flexibles en su aplicación y versátiles para adaptarse a las necesidades individuales de los pacientes:
- Estética en los Cuidados:
- La estética en los cuidados se refiere a la atención cuidadosa y considerada no solo a la salud física del paciente, sino también a su bienestar emocional y psicológico. Esto implica la creación de entornos agradables, la atención a los detalles en la presentación personal y la promoción de un ambiente que sea reconfortante y acogedor. La estética puede influir positivamente en la experiencia del paciente y en su percepción de la calidad de los cuidados recibidos.
- Flexibilidad en la Prestación de Cuidados:
- La flexibilidad implica la capacidad de adaptarse a las necesidades cambiantes de los pacientes. En entornos de atención médica, donde las condiciones de los pacientes y los planes de tratamiento pueden evolucionar rápidamente, la flexibilidad en la prestación de cuidados es esencial. Esto puede incluir la capacidad de ajustar horarios de medicación, modificar planes de cuidados según la respuesta del paciente, y adaptarse a circunstancias imprevistas.
- Versatilidad en las Intervenciones:
- La versatilidad se relaciona con la capacidad de aplicar una variedad de intervenciones y estrategias de cuidado para abordar las necesidades específicas de cada paciente. Cada individuo es único, y las soluciones de cuidado deben ser adaptables para abordar sus circunstancias únicas. La versatilidad implica tener un repertorio amplio de habilidades y enfoques para ofrecer cuidados personalizados y efectivos.
- Ambientes de Atención Versátiles:
- La versatilidad también se aplica a la creación de ambientes de atención que puedan adaptarse a diferentes necesidades. Esto puede incluir la disponibilidad de áreas tranquilas para el descanso, espacios interactivos para actividades terapéuticas y la capacidad de personalizar el entorno según las preferencias del paciente.
- Incorporación de Elementos Estéticos en el Entorno:
- Integrar elementos estéticos en el entorno de atención, como colores agradables, iluminación adecuada, y diseños que promuevan la calma y la comodidad. Estos aspectos estéticos pueden tener un impacto positivo en el estado de ánimo y el bienestar emocional de los pacientes.
- Personalización de Cuidados:
- La personalización de los cuidados implica adaptar los planes y las intervenciones según las preferencias, valores y necesidades específicas de cada paciente. Esto contribuye a una atención más centrada en el paciente y a una mayor satisfacción con la atención recibida.
- Comunicación Empática y Sensible:
- Una comunicación empática y sensible es esencial para abordar las dimensiones emocionales y psicológicas de los pacientes. La empatía y la sensibilidad contribuyen a la percepción de cuidados de calidad y a la construcción de una relación positiva entre el paciente y el personal de salud.