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Duelo agudo - Cursos Multimedia Online

Duelo agudo

Duelo agudo

DUELO AGUDO

Duelo agudo (muerte y período alrededor de la muerte). Etapa de desconcierto y embotamiento. Son momentos intensísimos y excepcionales, de verdadera catástrofe psicológica, caracterizados por el bloqueo emocional, la parálisis psicológica, y una sensación de aturdimiento e incredulidad ante lo que se está viviendo, como si fuera irreal, con una sensación de embotamiento que se asemeja a una especie de shock psicológico, es una situación de auténtica despersonalización.
Algunos autores señalan el carácter funcional de esta conmoción como un elemento de protección ante la gran carga aversiva que supone el momento de la muerte, es como si esta conmoción tuviera una función anestesiadora del dolor. Esta primera fase puede durar desde unas pocas horas hasta algunos días.
Duelo temprano. Etapa de anhelo y búsqueda de la pérdida. Desde semanas hasta unos tres meses después de la muerte. Pasadas estas primeras horas o días, aún no se puede aceptar la idea de la pérdida, los hábitos y costumbres siguen estando relacionados con el ser querido, lo que produce una continua añoranza del fallecido, todo lo que le rodea le recuerda su presencia y apenas se puede pensar en otra cosa.
Es un tiempo de negación, de búsqueda del fallecido, de estallidos de rabia y/o culpa, y de intensas oleadas de dolor y llanto, de profundo sufrimiento. La persona no se da cuenta todavía de la realidad de la muerte. Esta fase que puede durar entre tres y cuatro semanas se caracteriza por una gran ansiedad e inseguridad pudiendo aparecer ataques de pánico e hiperventilación.
Duelo intermedio. Etapa de desorganización y desesperación.
Desde meses hasta años después de la muerte. A medida que va pasando el tiempo, y se van acabando las ceremonias y rituales de despedida y las personas de su entorno que constituyen su apoyo social se tienen que reincorporar a sus actividades habituales, es cuando ese empieza a ser conscientes de la magnitud de la pérdida, de lo que significa no poder volver a compartir momentos y experiencias con la persona fallecida, …
Es un tiempo a caballo entre el duelo temprano y el tardío, en el que no se tiene la protección de la negación del principio, ni el alivio del paso de los años. Es una etapa que se caracteriza por una gran desesperación y tristeza. Es un periodo de tormentas emocionales y vivencias contradictorias, de búsqueda, presencias, culpas y autorreproches, … donde continúan las punzadas de dolor intenso que llegan en oleadas. Con el reinicio de lo cotidiano se comienza a percibir progresivamente la
realidad de la pérdida, apareciendo múltiples duelos cíclicos en el primer año (aniversarios, fiestas, vacaciones…) y la pérdida de los roles desarrollados por el difunto (confidente, amante, compañero, el chapuzas, …). Aparecen largos períodos de apatía y desesperanza con ausencia de ilusión y visión de futuro, se tiene la
sensación de que la vida ha perdido sentido. Es también un tiempo de soledad y aislamiento, de pensamientos obsesivos,… A veces es la primera experiencia de vivir solo, y es frecuente no volver a tener contacto físico íntimo ni manifestaciones afectivas con otra persona. Se va descubriendo la necesidad de descartar patrones de conducta previos que no sirven (cambio de estatus social) y se establecen unos nuevos que tengan en cuenta la situación actual de pérdida. Este proceso es tan
penoso como decisivo, ya que significa renunciar definitivamente a toda esperanza de recuperar a la persona perdida.

Manual Atencion Sociosanitaria

Finalmente los períodos de normalidad son cada vez mayores. Se reanuda la actividad social y se disfruta cada vez más de situaciones que antes eran gratas, sin experimentar sentimientos de culpa. El recuerdo es cada vez menos doloroso y se asume el seguir viviendo. Varios autores sitúan en el sexto mes el comienzo de la recuperación, pero este período puede durar entre uno y cuatro años.
Duelo tardío. Etapa de reorganización y recuperación.
Transcurridos entre 1 y 4 años, el doliente puede haber establecido un nuevo modo de vida, basado en nuevos patrones de pensamiento, sentimiento y conducta que puede ser tan grato como antes, pero sentimientos como el de soledad, pueden permanecer para siempre, aunque ya no son tan invalidantes como al principio. Las punzadas de dolor van disminuyendo en frecuencia e intensidad, empieza a mirar
hacia el futuro en vez de hacia el pasado y a reconstruir su mundo, recuperando poco a poco la esperanza, estructurando el tiempo hacia actividades con proyección de futuro y permitiéndose un progresivo acercamiento a las emociones positivas, planteándose nuevos objetivos y la posibilidad de estar abierto a nuevas relaciones.
Duelo latente (con el tiempo…) A pesar de todo, nada vuelve a ser como antes, no se recobra la mente preduelo, nunca se vuelve al estado anterior a la pérdida, claramente hay un antes y un después, aunque sí parece llegarse,con el tiempo, a un duelo latente, más suave y menos doloroso, que se puede reactivar en cualquier momento ante estímulos que recuerden…

TAREAS DEL DUELO
1. En primer lugar aceptar la realidad de la pérdida asumiendo que la marcha es irreversible, en ocasiones vemos como algunas personas tratan evitar esta realidad guardando todas las posesiones del fallecido (momificación) con la fantasía inconsciente de tenerlas preparadas para cuando vuelva o convirtiendo su casa en lo que conocemos como “casa museo” en la que todo recuerda a la persona fallecida.
2. En segundo
lugar trabajar las emociones y el dolor, permitiéndonos mostrar las emociones sin negar el sufrimiento que supone la pérdida.
3. En tercer lugar
adaptarse a un medio en el que el fallecido ya no está presente, desarrollando nuevas habilidades asumiendo nuevos roles y buscando significado y sentido a la propia vida.
4. Y por último
recolocar emocionalmente al ser querido muerto, teniendo claro que la tarea no consiste en olvidar, sino en encontrarle un lugar en nuestra vida psicológica que nos permita continuar viviendo eficazmente.

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Luis Bonilla

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